dilluns, 29 de setembre de 2008

Vicky, Christina, ¿Barcelona?

Antes de entrar en el tema de la película, conviene situarla en su contexto. El hecho de que Woody Allen rodara en Barcelona se debió a una apuesta decidida de las administraciones públicas catalanas, a una nada disimulada pretensión de promocionar internacionalmente la ciudad. Además, como indirectamente se puede evidenciar leyendo los créditos del film, la industria cinematográfica catalana es relativamente potente (recordar, por ejemplo, el Oscar que obtuvo un equipo catalán por El laberinto del Fauno), probablemente la más importante en el Estado español. Recuérdese asimismo que el cine español en general, y el catalán también, dependen mucho de las coproducciones, con una participación esencial de las cadenas de televisión, en el español de la estatal TVE, la privada Antena 3 y el internacional Canal Plus, en el catalán de la pública Televisió de Catalunya, amén de las ayudas finacieras de las instituciones del gobierno autónomo. Sin embargo, el cine en catalán es marginal, no se difunde fuera de Catalunya y el expediente más habitual es filmar en las dos lenguas o recurrir al doblaje, de manera que la versión que se ve fuera de Catalunya es en castellano, la que se ve en Catalunya (muy poco en el cine, porque casi no se proyectan, posteriormente en la televisión autonómica) es bilingüe o enteramente en catalán. El resultado a nivel de la proyección mediática de la sociedad y la cultura catalanas es evidente y recuerda al famoso problema del karaoke pujoliano: (todos) los catalanes viven y hablan en castellano, los que lo hacen en catalán es de manera artificial, simplemente por diferenciarse o molestar.
Vicky, Critina, Barcelona arrastra el mismo problema lingüístico, que es todavía más grave si se piensa que gracias a ese filme se podría haber proyectado internacionalmente la compleja y variada realidad lingüística y cultural catalana (mucho más rica todavía en el caso de la ciudad de Barcelona). En efecto, la versión original de la cinta es en inglés y castellano, no se oye ni una palabra en otras lenguas. Mucho más que eso, el personaje interpretado por Bardem insiste a Penélope Cruz que debe hablar en inglés. Da la sensación que cualquier turista anglófono puede defenderse sin ningún tipo de problemas en la Ciudad Condal, puesm, inmediatamente, todo el mundo, está dispuesto y sabe expresarse en inglés (todo ello bastante absurdo si tenemos en cuenta el poco conocimiento de lenguas extranjeras de los españoles en general, muy por debajo de la media comunitaria). En cuanto a la cultura catalana, supuesto objeto de estudio de una de las protagonistas, simplemente está ausente, a excepción de, creo haber visto, el pan con tomate y los diables. Otros elementos simplemente están fuera de contexto, como cuando la canción tradicional El noi de la mare suena en Asturias, no en Barcelona.
Woody Allen ha defendido su película, que algunos consideran de encargo y, por tanto, nada cuidada, pero también algunas de las posibles "fallas" pueden ser excusables dependiendo de la perspectiva, de eso hablaremos próximamente.